No sé si alguno de vosotros tuvo la ocasión de estar en la redacción de un periódico deportivo. Yo estuve en algo similar, Superdeporte, un medio casi en extinción. Todos lo imaginamos como un lugar frenético a la vez que divertido y entretenido, recargado de ordenadores y ambientado con el sonar de los teléfonos. Y no vamos desencaminados. Te reciben la recepcionista y el vigilante, la máquina de agua, refrescos, cafés y chocolatinas y posteriormente el grueso del diario, previo paso por el pasillo de la fama, donde lucen los recuerdos del negocio: una camiseta de Villa con la Selección Nacional firmada, otra de Romario con el Valencia, y quién sabe qué otras en el futuro.

Allí está el despacho del director, el del subdirector, y normalmente el resto, compartiendo espacio. A la cabeza el redactor jefe, auténtico agitador del diario, sin formación relacionada, pero un artista combinando pluma, púa y guerras.
Por encima de ellos, los elegidos. Gente sólo conocida de cuchicheos poco discretos y alevosos, ahora fácilmente investigables con algo de scroll en Google, y con la columna brindada al sol por creencias políticas, casamientos oportunos o como chocha pensión vitalicia.
El resto, sabiondos redactores de secciones como somos los periodistas, intrépidos de escasa formación y nulo conocimiento a los que se regala un canal autorizado para inventar noticias inexistentes, para tergiversar conversaciones de forma quiero creer que inconsciente, y para desinformar como pienso que ya estoy haciendo patente.

Además de «Cuerdas», los que siguen la actividad del Valencia son celebridades. Son líderes en la carrera de vacantes, voces respaldadas por vaya usted a saber qué autoridad, y debe ser un marrón que un tipo al que quieres quitarle el puesto, con nombre de argentino, venido de Polonia y sectario practicante, represente tu trabajo en Intereconomía cuando se necesita presencia pública.
La sección dedicada al Levante tiene buenos profesionales. Tratan de hacer su faena pese al rancio espacio e importancia que su periódico, como representante del deporte de la comunidad valenciana, da al club. Tienen suerte, la que no dispone el Villareal, reducido a los faldones de páginas intermedias con la firma de absolutos incompetentes y abierta y públicamente denostados por quien representa al diario, incapaz de aceptar su merecido éxito. Los periodistas de “polideportivo” completan el resto de disciplinas. No faltan becarios tampoco, siempre prestos para reducir costes, repartidos entre secciones.
Y el experto en Fútbol Internacional, un tipo con conexión ADSL 10 MB, al que todos queremos imaginar dirigiendo antenas y satélites desde su azotea para lograr ver cualquier partido estúpido, cuando realmente podría ser uno más de los millones de usuarios abonados a Rojadirecta.

César Izquierdo, periodista "Experto en fútbol internacional" de Superdeporte, no ha querido quedarse atrás en la búsqueda de la gallina de los huevos de oro de quien le paga y ha lanzado, al más puro estilo “Diego Torres", un reportaje por entregas sobre la “tormentosa” relación existente entre David Villa y Leo Messi, aunque cabe reconocerle su mayor dinamismo a la hora de utilizar las comillas y de ofrecer los datos. En “Villa y Messi, a la greña” César ha colaborado en el remonte de su empresa con un serial de auténtico terror que ha dado pie a situaciones surrealistas. Su topo, bautizado como «según ha podido saber Super», recuerda al Señor Real Madrid en el episodio Barcelona-Cope. En realidad, la información se reduce a simples apreciaciones por fascículos difícilmente sostenibles y por tanto de publicación debatible, de quien no me merece, ni por procedimientos ni por conocimientos, una pizca de confianza. Vestidas como una realidad intangible e inmensurable, directamente reconocen que no serán suscritas por el protagonista, y se remiten como conclusión al futuro para confirmar su veracidad, el truco barato y continuamente usado para vender lo que no tiene valor.

"Villa echa de menos Valencia"
No por reiterativos la greña de Messi y Villa será más verdadera y convincente de lo que ya era evidente. Bañar apreciaciones personales con una fuente inconsistente, hacer referencia a las reacciones de ayer para reafirmar la información en el artículo de hoy, y autoproclamar la repercusión obtenida en la competencia en el de mañana es un gran ejercicio de ingeniería moral y de planificación de «temazos». Más aún si se remata pidiendo los puntos contra el Real Madrid regalados como devolución del favor. Eso es una verdadera alianza entre enemigos para ganar audiencia a raudales e invertir un evidente declive. Eso es ser un equipo y luchar por la pasta.
"Madrid le debe una a Valencia (a SUPER)"
Con ellos, no entrar a disputar este partido era renunciar al título, más si tu afición apenas acude al kiosco.
César, Gauden, Bau, os habéis ganado las plazas de delantero. ¿Me firmáis una camiseta?


