Desde el punto de vista del entrenador, para los partidos de fútbol, demorar la puesta en juego del balón con las conocidas artimañas seudo futboleras, después de que los árbitros hayan señalado una infracción, favorece la reorganización defensiva de los equipos para situar a los jugadores por detrás de la pelota y al mismo tiempo para que cada uno de ellos disponga de los segundos necesarios a fin de distribuir tareas y ubicarse de forma adecuada sobre el terreno de juego. En román paladino: el equipo que ha cometido la infracción y que es sancionado saca ventaja de la dilación consentida, tolerada y auspiciada. Además, la repetición del hecho tiene como consecuencia última que el partido se convierte en correcalles de gato y ratón que dura, siendo benévolos, dos terceras partes de lo reglamentado.

Se dice en las modificaciones reglamentarias autorizadas por el International Football Association Board para la temporada 2011/2012, que las interrupciones en el juego son un aspecto totalmente normal de un partido (p. ej. saques de banda, saques de meta), que se deberá recuperar el tiempo perdido únicamente cuando dichas interrupciones son excesivas, que el cuarto árbitro indicará el tiempo mínimo por recuperar, decidido por el árbitro, al final del último minuto de cada periodo de juego, que el anuncio del tiempo por recuperar no indica el tiempo exacto que falta del partido, que el tiempo podrá ser incrementado si el árbitro así lo estimase, pero nunca reducido y que el árbitro no deberá compensar ningún error de cronometraje del primer tiempo aumentando o reduciendo el periodo de juego del segundo tiempo. Todas estas recomendaciones e instrucciones para la aplicación de la norma vienen a incidir en la idea de que el juego no es continuo, se fracciona irregular e indiscriminadamente y el tiempo en que el balón puede jugarse no se computa y no se otorga al árbitro ningún instrumento para medirlo. El tiempo de juego reglamentario es solo un periodo entre el inicio y el final y no tiene nada de sincrético.
Cuando Inmanuel Kant aludía a los juicios de valor y la medida el tiempo, actuaba bajo fundamento de objetividad con independencia de los hechos que acontecían y, evidentemente, no estaba pensando en el balompié, aunque tampoco la International Board parece haberlo tenido en cuenta y se ha mantenido displicente y alejada de la filosofía ilustrada para redundar en que un partido de fútbol dura lo que el árbitro decida, aunque no se haya disputado con el balón su tiempo reglamentario.

Veamos algunas propuestas. Una podría ser volver a los orígenes y fijar la duración de los partidos en ochenta minutos, con dos tiempos de cuarenta a reloj parado, de forma que así pudiesen compensarse los “tiempos muertos” y que las retransmisiones televisivas no excedan en lo que actualmente ocupa. Los árbitros detendrían el cronometraje cada vez que existiera causa impropia que impidiese proseguir con la acción natural del fútbol. ¿Cuánto tiempo se precisa para ejecutar un tiro libre directo sobre la portería? Ahora se cuentan los pasos. Ahora se avisa de sanción. Ahora se mueve el último. Ahora se reclama la distancia. Ahora se indica que debe sonar el silbato antes de golpear el balón. Ahora se separa a los jugadores que se abrazan para felicitarse las Pascuas. Ahora se vuelve a colocar el balón porque alguno lo desplazó 20 centímetros.
Y, ¿dónde se ha autorizado qué pueda o deba colocarse una fila de jugadores, para impedir o dificultar el lanzamiento a portería, a modo de barrera entre militar y policial?
Artículos anteriores de la serie: Immanuel Kant no es futbolero (I) e Immanuel Kant no es futbolero (II).


