Dentro de la corriente de pensamiento y sociedad que se abre paso en los países occidentales, abanderada por islamistas formados en la Europa de las libertades, al menos hasta bien poco, la feminista y ahora política del partido liberal holandés Ayaan Hirsi Ali afirma que Islam y democracia son incompatibles. El Islam es una teología que rige todos los aspectos de la vida: las costumbres sociales, la casa, el vecindario, el país, es una receta que sirve para todo. Desde su Somalia natal, hasta la publicación de “Nómada”, pasando por el desarrollo del guión de la película “Sumisión”, cinta que le costó la vida al director Teo Van Gogh, Ayaan ha promovido la cultura democrática para rechazar el multiculturalismo. Y lo ha hecho amenazada de muerte y a la sombra de los guardaespaldas que la acompañan con discreta y disimulada desconfianza.

Dentro de la corriente de dualismo del mundo futbolístico profesional que inunda la realidad de los medios de comunicación españoles, fomentada y alimentada con algunas histriónicas tertulias y con múltiples informaciones entre inauditas e insignificantes, avanzan y se consolidan nuevas situaciones que indirectamente provocan todo lo anterior. Disminuye más que ostensiblemente el número de intervenciones de los protagonistas ante cámaras, micrófonos y redactores, al parecer por estrategia de los gabinetes de comunicación o por uso de posición dominante; y los juzgados no consideran, por el momento, que la información facilitada a las emisoras de radio sobre la competición en directo, en el ejercicio del derecho constitucional que les asiste, deba ir más allá de la reseña de alineaciones, goles e incidencias generales de los partidos. Además, la presencia de portugueses y algún brasileño en la segunda fila de una rueda de prensa, publicitando una empresa de apuestas, no tendría que ir más allá de la anécdota o del cumplimiento de cualquier apuesta formulada en el vestuario.
Dentro de la corriente de economía de subsistencia y ahorro, y de la gestión austera y espartana del gasto que encandila las decisiones de los gobiernos españoles, por mucho que el Ministerio de Hacienda se empeñe, un cuerpo ya congelado está desecado y solo será viable restituirlo a su estado inicial en función de la temperatura. A lo mejor se piensa en utilizar la fórmula del tiempo de congelación de Plank para los alimentos y así calcular el cuánto. Porque lo más sencillo y a mano ha sido, desde mediados de los ochenta del siglo pasado, que las clases medias, los trabajadores por cuenta ajena y los empleados de la función pública, asuman que los precios pueden subir y que sus retribuciones han de mantenerse o aminorar. Que su pérdida de poder adquisitivo está justificadísima porque hay otros en peores condiciones y no ahora, que las estamos pasando canutas, sino desde hace veinticinco años. Las gentes incautas y nobles de corazón pueden esperar que también la clase política sin distinciones, los banqueros y miembros de los consejos de administración, y todos aquéllos que creen que su situación especial, por genuina e indispensable, debe permanecer al margen de vaivenes y recortes, pasen a formar parte del conjunto de los sacrificados, aunque no agachados, ni escondidos, ni acobardados, ni resignados.


